Al leer a Jorge Luis Borges

Por Alfredo Abad Torres

Uno de los matices más reveladores a los que conduce la lectura de Borges tiene que ver con la expresión de una condición de universalidad que se desplaza a lo largo de su descubrimiento. Decimos descubrimiento porque todo el asunto se mueve a través de una categoría implícita. Lo que dicen los textos debe leerse desde el registro de un cifra que los sustenta, los invoca, los propicia. Borges no fue un escritor autóctono, sino eminentemente universal, diríamos mejor, cosmopolita. En él convergen múltiples y contrarias direcciones estéticas y filosóficas; lingüísticas y formales; científicas e históricas. Si los textos que escribió acerca de la cotidianidad bonaerense, de la peculiaridad argentina, de su historia, de sus personajes, no nos obligan a matizar la afirmación anterior, es porque justamente estas particularidades hacen parte de la amplitud que se desea aquí identificar.

Pablo Neruda

Por Erick Valdés

Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto nació en Parral, en la Región del Maule, sur de Chile, el 12 de julio de 1904. Del fondo de esa tierra maulina surgen los mejores vinos chilenos, los mismos que Ricardo adoraría y bebería profusa y poéticamente durante su vida.

Hijo de un ferroviario sin instrucción –José del Carmen Reyes Morales– conductor de trenes, y de Rosa Neftalí Basoalto Opazo, maestra de escuela que muere de tuberculosis cuando Ricardo tenía un mes de nacido. Su padre, entonces, azotado por la desesperación y la pobreza, decide trasladarse a Temuco en 1906, ciudad más austral, la cual el poeta recordará cada vez que tenga oportunidad, no importando latitudes ni lejanías. Muchos años más tarde, Ricardo ya transformado en el famoso poeta Pablo Neruda, llega a un hotel en Budapest, mira los techos de las casas, las humaredas de las chimeneas, el cielo sonámbulo y amenazante, y exclama: «¡Ay, tanto viajar y viajar para finalmente llegar a Temuco!» 

María Zambrano, entre lo divino y lo Otro

Por Sergio Alejandro Rodríguez Jerez

El presente capítulo tiene como objetivo razonar, poéticamente, algunos rasgos del pensamiento de María Zambrano. Se le pide al lector que, para lograr el cometido, lea tres veces este texto. En la primera vez, se solicita obviar todas las notas que este contiene. La segunda implica llevar a cabo una relectura deteniéndose en cada nota. Y para la tercera lectura se pide el mismo método que la primera. Así se podrá vislumbrar cómo la filosofía poética de Zambrano nos da luces para hacernos con una realidad liderada por lo Otro. Lo Otro como epíteto de aquello que no es divino. En otras palabras, el capítulo recapitula algunas claves vistas en la filosofía de Zambrano para atender las circunstancias que afectan al hombre constantemente.

Julio Arboleda Pombo-O´Donnell.
Un paradigmático ejemplo del conservatismo colombiano del siglo XIX

Por Francisco Flórez Vargas 

Ante todo, es importante destacar que el conservatismo colombiano ha sido una corriente política tradicionalmente diferente a sus homónimas en el resto del continente. Nuestro conservatismo ha sido un punto medio entre proyectos integralmente católicos y otros radicalmente liberales. Ni el estado cristiano de Gabriel García Moreno ni la anticlerical república de Benito Juárez; los colombianos tenemos por legado conservador un híbrido tímido, «semicatólico» y, en últimas, liberal. Parafraseando a Jaime Balmes, si en Colombia el liberalismo hizo la revolución, el conservatismo se dedicó a conservarla. De ese confuso mar de ideas que fue nuestro conservatismo decimonónico, quizás la figura de Julio Arboleda sea una síntesis bastante representativa del partido que lo eligió presidente, y al tiempo una buena antítesis del sector político que le asesinó. 

Lectura sobre
Federico García Lorca

Por Camilo Noguera Pardo

Federico García Lorca condensó mejor que muchos otros románticos el arrobamiento, por decirlo de algún modo, que se sucede cuando ciertas almas se adentran en la vivencia consciente de la naturaleza y la consecuente contemplación de la belleza. Su obra es, entre varias cosas, una experiencia estética, dirían los filósofos del arte, que encuentra raíces profundas en un panteísmo difícil de encajar; un panteísmo que muchas veces se transfigura en esteticismo salvífico, con visos trascendentes y cristianos2. Un panteísmo, en fin, añorante de inocencia, evocador de melancolía y sugerente de ensoñaciones. 

Perfiles filosóficos, espirituales y políticos en  el pensamiento de Miguel Antonio Caro

Por Nicolás Romero

Debo agradecer este redescubrimiento –retorno permanente e inacabado– de Miguel Antonio Caro, al profesor Santiago Pérez Zapata, historiador paisa, quien, en el marco de su tesis doctoral sobre el ultramontanismo colombiano, ha trasegado varios años por las páginas y letras que conciernen al intelectual colombiano. En medio de conversaciones y tertulias con el profesor Pérez y con ocasión de la amable invitación de Camilo Noguera Pardo, director de esta naciente Revista Colombiana de Estudios Hispánicos –nombre que, por cierto, harto honor hace a Caro, protector incansable de la tradición española y de los lazos hispanoamericanos– surgió esta idea de volver una vez más al gran intelectual decimonónico con el fin de encontrar en su pensamiento respuestas sólidas a la cuestión fundamental de la personalidad histórica de Colombia. 

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