Boyacá. 
Tumba del reino y altar de la República: la batalla en que se acabó un mundo

Por Francisco Flórez Vargas

El nombre de un pequeño río en la provincia de Tunja adquirió fama continental tras la batalla que tuvo lugar sobre uno de sus puentes, el 7 de agosto de 1819. En palabras del general republicano Carlos Soublette, el 11 de agosto del mismo año, la batalla «ha asegurado de un modo inefable la libertad de toda la América del Sur» (Osorio 31). En el mismo sentido, una vez se enteró del resultado de la batalla, el general realista Pablo Morillo escribió a Madrid informando que «el fatal éxito de esta batalla ha puesto a disposición de Bolívar todo el reino y los inmensos recursos de un país muy poblado, de donde sacará lo que necesite para continuar la guerra … Popayán, Pasto, Quito y todo el interior del continente hasta el Perú» (Osorio 33).

 

Es incuestionable que uno de los puntos de quiebre en la Revolución de Independencia Hispanoamericana fue la Batalla de Boyacá. Antes de ella, las tropas de Bolívar eran una amenaza guerrillera marginal contra el poder de la Corona en las llanuras periféricas de Venezuela. Después de la batalla, Bolívar suponía un ejército continental capaz de destruir la autoridad fernandina en los dos virreinatos más significativos de la América del Sur: el Perú y la Nueva Granada. Boyacá fue el paso al Perú y con la pérdida del virreinato de Lima, por parte de España, quedó sellada para siempre la ruptura entre España y América, como no podía ser de otra manera.

Hasta el fin del mundo.
El descubrimiento del Mar de Hoces

Por Ignacio de Hoces Íñiguez

En numerosas ocasiones los investigadores conferimos mayor importancia a los temas que estudiamos que a los que les otorga el público general. Esto sucede inconcebiblemente, por ejemplo, con las hazañas que los españoles protagonizamos entre 1492 y 1560, con los descubrimientos y exploraciones, con la conquista y civilización de América.

 

En casi setenta años, España exploró, conquistó y pobló, esto es, fundó nuevas Españas, en unas circunstancias absolutamente heroicas, una superficie mucho más amplia que el territorio que ocupa la Península Ibérica y, junto a ello, dotó de un sistema jurídico-político a todo aquel territorio que paulatinamente se fue incorporando a la civilización occidental.

Entre esos descubrimientos y exploraciones se encuentra el que llevó a cabo Francisco de Hoces, personaje posiblemente natural de Córdoba, quien, en una expedición promocionada
en 1525 por el Rey Carlos I de España, descubrió de forma inesperada y fortuita en febrero de 1526 el cabo de Hornos
o, al menos sus proximidades (Landín 19). Fue, obviamente sin desearlo, el primer europeo en navegar por las aguas del extremo meridional de América, con una antelación no menor a cincuenta años en comparación con el advenedizo inglés Francis Drake.

Cartagena:
la joya caribeña del imperio

Por Álvaro Silva Soto

Aunque los exploradores españoles toparon con su fabulosa bahía en los primeros años del siglo XVI, coinciden las fuentes en afirmar que la ciudad que hoy conocemos como Cartagena de Indias no se fundó hasta 1533, cuando una expedición mandada por el madrileño Pedro de Heredia derrotó a los indios calamarí y ocupó su poblado. Esas mismas fuentes, discrepan, no obstante, sobre el día y el mes en que se realizó la fundación, pues mientras Juan de Castellanos afirma que tuvo lugar el 20 de enero, Gonzalo Fernández de Oviedo sostiene que la fecha correcta es el 1 de junio de 1533.

 

La diferencia es poco importante y, además, es muy posible que tenga fácil explicación. Cabe pensar, por ejemplo, que Heredia tomase Calamarí como base primera de operaciones y pasara algún tiempo buscando un emplazamiento adecuado para establecerse de forma permanente, pero transcurridos unos meses sin encontrarlo y convencido de que los problemas observados en el poblado indio –como la falta de agua– podían superarse, decidiese permanecer en él y convertirlo en embrión de la nueva ciudad. Esto permitiría fechar el asentamiento español en Calamarí en dos días distintos, según se tome como referencia el asentamiento provisional o el definitivo.

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