John H. Elliott.  Haciendo historia. Comprensibilidad y narrativa

Por Jaime Contreras Contreras

Un día, en el verano de 1950, un joven estudiante de Historia de Cambridge, en viaje de vacaciones por España visitaba el Museo del Prado. Apenas, entonces hablaba español, pero su curiosa sensibilidad quedose atrapada, de repente, por el famoso cuadro que Velázquez pintó, hacia 1638, en el que aparece el famoso Conde-Duque en pleno ejercicio de su poder, cabalgando un brioso corcel desde un altozano donde se divisaban los azules plateados del serrano paisaje madrileño.

Américo Castro Quesada.  
El historiador heterodoxo

Por Luis Javier Moreno Ortiz

La historia debe ser fiel a los hechos. Lo que aconteció puede y debe interpretarse Collingwood (9), no es una tarea de recepción pasiva y mecánica (Carr 80). Pero en este ejercicio no se puede dejar de lado o por fuera, por el prurito de mantener una versión ideal o idealizada, aspectos relevantes de la realidad, so pena de caer en lo que Bosanquet, citado por Collingwood (7), denomina «El dudoso relato de acontecimientos sucesivos». La historia no es leyenda, es algo más humilde y, al mismo tiempo, más real: la búsqueda de realidades concretas, a partir de los hechos históricos, de su noticia: los datos y del acceso crítico a sus fuentes (Appleby 162, 163; Collingwood 22) o, como la califica con grandeza Bloch (26) «ciencia de los hombres en el tiempo». 

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