La impronta democrática hispánica

Por Luis Javier Moreno Ortiz

En los tiempos que corren, cuando el pensamiento complejo es visto como un anatema y, por ende, se valora tanto lo simple, al punto de llegar a exaltar el simplismo, parece difícil controvertir el prejuicio que identifica a la democracia con la república. No en vano los dos largos siglos de existencia republicana en la América del Sur, han reducido a nuestro pasado monárquico a un amasijo de lugares comunes, la mayoría de las veces nacidos de la animadversión o de la ignorancia. Así suele ocurrir con otras épocas también incomprendidas, como la Edad Media.

El decir que la democracia y la monarquía no son incompatibles y que, de hecho, nuestras instituciones democráticas nacieron en el contexto de una monarquía, puede ser algo inverosímil en este contexto. Así suele ocurrir con la realidad: lejos de responder a lo que es razonable esperar o inferir, se empeña en ceñirse a los hombres y mujeres decada época y a sus circunstancias. La historia, en lugar de presumir que los seres humanos obran como agentes racionales, se atiene a los hechos, sin excluir de ellos el profundo influjo que suelen tener las emociones, los sentimientos y las pasiones, para hablar de lo racional de los humanos, o la fortuna, el acaso y la coyuntura adecuada, que a veces es en realidad tan importante como la actividad humana.

Sobre la justificación del nuevo 
orden constitucional después
del Cabildo Abierto de Santafé

Por Mateo Laborde González

Con la formación del Cabildo Abierto de Santafé el 20 de julio de 1810, se inició la construcción de un proyecto político que aspiraba a encontrar la unidad, y a facilitar la convivencia entre las instituciones del nuevo gobierno y la sociedad, sociedad esta que había sido, durante tantas décadas, golpeada y olvidada por los gobernantes que representaban a la corona española. Quienes formaron parte del Cabildo Abierto, y luego de la Junta de Gobierno, en contra de lo que muchos afirman, fueron fieles a la tradición política hispánica. Sobre la base de este marco teórico se esbozaron los primeros argumentos en cuanto a cuál sería la forma de construir este nuevo gobierno, amparados en el reconocimiento de derechos inalienables e imprescriptibles comunes a todas las personas, justificando las razones de la separación no de la corona española, sino de todas aquellas instituciones peninsulares que, en concepto de los líderes neogranadinos, eran ilegítimas.

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